(Publicado en el diario El Común el 5/07/2023)

Las redes y la prensa han ardido por el caso de una persona que denunció la supuesta transfobia por parte de una trabajadora de un supermercado por llamarle, según dice la denuncia, “en repetidas ocasiones por la palabra ‘caballero’, aun siendo obvio por la ropa y una pulsera con la bandera arcoíris que estaba hablando con una persona trans”.
Este caso resulta muy ilustrativo de los gravísimos problemas de seguridad jurídica que trae la mal llamada «ley trans», porque objetivamente es muy difícil poder distinguir a una persona autoidentificada mujer de un hombre biológico. Este escollo cardinal afecta a toda la sociedad, porque nadie puede saber a qué atenerse con las identidades de género sentidas que permiten que cualquier persona mayor de catorce años autodetermine su sexo registral a voluntad.
Obviamente, perjudica de forma específica a las mujeres y nuestros derechos basados en sexo, porque la ley le reconoce el carácter de ‘mujer registral’ a cualquier hombre que invoque tener una identidad femenina.
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