Publicado en Iusport 15/08/24
En los Juegos Olímpicos de París 2024, la igualdad y la inclusión fueron celebradas a bombo y platillo, sin embargo, detrás del reconocimiento del aparente compromiso con la equidad, la paridad, la diversidad y el juego limpio, la realidad es que el COI propicia el juego sucio contra las mujeres. Su lenidad extrema con los hombres diversos, a quienes dedicó en su integridad las misóginas y represivas Directrices 2024, en contraste con la severidad desproporcionada y displicencia hacia las mujeres, a quienes trata con desprecio de sus derechos y dignidad, pone de patente la violación del COI de sus propias normas antidiscriminatorias y de lucha contra el juego sucio.
El caso más sangrante de misoginia, injusticia y arbitrariedad por parte del COI ha sido el de Angela Carini, Anna Luca Hamori, Sitora Turdibekova, Svetlana Kamenova, Janjaem Suwannapheng, Esra Yildiz, Liu Yang y Julia Szeremeta, las ocho boxeadoras derribadas por los dos varones con DDS que participaron en la categoría femenina, en los pesos welter y pluma, y se hicieron ilegítimamente con las medallas de oro, pese a que Khelif y Lin habían sido descalificados de la IBA al haberse demostrado que no eran mujeres, sino varones con DDS.
Pero no son menos graves los casos de misoginia y arbitrariedad ocurridos con Manizha Talash y Vinesh Phogat, descalificadas de sus respectivas pruebas, por haber usado la una una capa con un inocente mensaje en defensa de las mujeres afganas; y por haberse pasado la otra cien ridículos gramos del peso máximo permitido.
En este artículo abordamos cómo el COI adopta una doble vara de medir que siempre va en detrimento de los derechos de las mujeres.
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