Publicado en Iusport 07/09/24
La reciente clasificación del transautoidentificado atleta conocido como Valentina Petrillo en las semifinales de los 200m T 12, de los Juegos Paralímpicos de París 2024, ha vuelto a encender el debate sobre los nefastos efectos que tiene para el deporte femenino la “inclusión” de nacidos varones, porque es bien sabido que termina excluyendo a las mujeres de su propia categoría. Según ha demostrado la ciencia, reiterado recientemente por Tucker, Hilton et al, quien ha pasado por la pubertad masculina es más más rápido, más alto y más fuerte que las mujeres.
Y, aunque “citius, altius, fortius» es precisamente el lema del olimpismo, estaba pensado para aplicarse entre iguales, y no entre quienes por pura biología poseen una superioridad física que les hace tener ventajas competitivas injustas que destruyen el deporte femenino.
Este asunto ha desatado una gran polémica, porque la ‘inclusión’ en la categoría femenina de atletas nacidos varones viola frontalmente la Carta Olímpica, los principios fundamentales del deporte y los DDHH de las mujeres: la no discriminación, la equidad y el juego limpio, resultan imposibles de garantizar cuando se viola el derecho fundamental de las mujeres a practicar deportes y competir en igualdad de condiciones.
En este artículo veremos cómo la política de la ‘inclusión’ de los varones diversos en la categoría femenina, le da legitimidad jurídica a hacer trampas en el deporte femenino. Y cómo esta legitimación espuria del fraude rompe todas las reglas en las que se basa el deporte.
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