26/12/23 by Jurista Feminista
La Navidad, época de celebración, unión y amor familiar, a menudo se convierte para muchas mujeres en un período de estrés, agotamiento y sacrificio. Las interminables tareas: listas de compras, organización de reuniones, planificación y elaboración de las comidas y, entre otras, la atención a los más pequeños y dependientes recaen sobre las mujeres de manera desproporcionada. Este desequilibrio no sólo afecta su bienestar, sino que también perpetúa dinámicas familiares desiguales que socavan los principios de equidad y cooperación que deben existir al interior del hogar, que ponen en cuestión la reciprocidad en la que se deben fundar las relaciones familiares.
La carga mental: una realidad que afecta mayoritariamente a las mujeres
El concepto de carga mental describe el trabajo invisible asociado con la planificación, gestión, coordinación y toma de decisiones en las tareas domésticas y familiares. Según estudios recientes, el 71% de las mujeres soporta esta carga, mientras que sólo el 12% de los hombres asume estas responsabilidades en el ámbito familiar. Durante las fiestas navideñas, esta carga aumenta exponencialmente, transformando un momento que debería ser de descanso y disfrute colectivo en un período de tensiones y agotamiento emocional y físico para las mujeres.
Un derecho que también es un deber compartido
La Navidad no debe ser un sacrificio impuesto a las madres, abuelas y demás mujeres de la familia, sino que debería ser una oportunidad para que todos los miembros del hogar ejerzan su derecho-deber de contribuir al bienestar colectivo, colaborando equitativamente con las cargas familiares. Este principio no sólo responde a un acto de cooperación y equidad, sino que también fomenta un entorno familiar más saludable, basado en el respeto y el apoyo mutuo.
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