La justicia y la dignidad tienen nombre: Gisèle Pelicot

19/12/24 by Jurista Feminista

El caso Pelicot ha evidenciado el carácter estructural de la violencia sexual contra las mujeres

El día en que conmemoramos el 45º aniversario de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), conocemos la sentencia que está llamada a marcar un hito en la lucha contra la violencia sexual, la cultura de la violación, la sumisión química y la impunidad: el caso de Gisèle Pelicot. Su exmarido, Dominique Pelicot, ha sido condenado a 20 años de prisión por drogar a su esposa hasta ponerla en situación de absoluta indefensión e inconciencia, para facilitar que decenas de hombres la agredieran sexualmente en su propio hogar durante casi una década. Junto a él, 50 hombres más han recibido condenas en un juicio que, como señaló el fiscal, representa un “antes y un después” en la lucha contra la violencia sexual de mujeres y menores. 

La importancia de este juicio histórico

El caso Pelicot, que ha conmocionado a Francia y a medio mundo, ha evidenciado la brutalidad de los delitos sexuales cometidos contra Gisèle en el interior de su hogar, pero sobre todo el carácter estructural de la violencia sexual contra las mujeres, incluido el ámbito doméstico. Este juicio ha puesto el foco en cómo la sumisión química y las agresiones sexuales operan en la sombra, perpetuando una cultura que banaliza la violencia contra las mujeres y menores.  

Gisèle Pelicot, con su decisión de renunciar a un juicio privado y permitir que su caso se ventile públicamente, ha roto el silencio que a menudo oprime a las víctimas. Su valentía y determinación no sólo buscaban la justicia en su caso en concreto, sino que pretendía abrir un debate social que desplace la vergüenza de las víctimas a los victimarios. Como ella misma afirmó: es hora de que “la vergüenza cambie de bando”. 

Un juicio ejemplar y un homenaje a las mujeres víctimas de violencia

La sentencia llega en un momento significativo: el 45 aniversario de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), el Tratado Internacional clave en la lucha por la igualdad  entre mujeres y hombres, donde se reconoce que los derechos de las mujeres se basan en el sexo, porque ser mujer es lo que determina las causas de la opresión, violencia y discriminación que sufrimos. Este fallo se convierte en un homenaje vivo a todas las mujeres que han sufrido violencia machista y sexual por el hecho de ser mujeres.

El caso Pelicot también denuncia la cultura de la violación, un sistema de creencias y conductas que normaliza y justifica la violencia sexual contra las mujeres y menores, culpabilizando a las víctimas y minimizando o excluyendo la responsabilidad de los agresores. Este juicio demuestra que la justicia puede ser un arma poderosa para desafiar estas estructuras de poder. Gracias a Gisèle, la mujer que, con una serenidad y dignidad fuera de serie se ha enfrentado al sistema patriarcal, la vergüenza está cambiando de lado y se ha abierto la puerta para que otras víctimas sean escuchadas y protegidas, y los victimarios sean desaprobados socialmente y sancionados judicialmente.

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