La brecha salarial: una asignatura pendiente de la democracia occidental

Publicado el 24/02/2025

El pasado 22 de febrero conmemoramos el Día Europeo de la Igualdad Salarial, una fecha clave para visibilizar la persistente desigualdad retributiva entre mujeres y hombres en España y en el conjunto de la Unión Europea. Este día constituye un recordatorio de la urgencia de adoptar medidas eficaces para reducir esta brecha en la retribución por igual salario, o salario de igual valor, en la que se avanza muy lentamente, o con ciertos retrocesos en algunos países. 

Aunque en la década 2012-2022 en España se ha logrado una disminución de 6,83 puntos porcentuales, situándose en un 17,09%, según la Encuesta de Estructura Salarial de 2022 y los datos ofrecidos por el Gobierno, las ganancias medias anuales de los hombres ascienden a 29.381,84 euros, mientras que las de las mujeres son de 24.359,82 euros. Según la Agencia Tributaria, en 2023 el salario medio anual de los hombres fue de 26.390 euros, mientras que el de las mujeres fue de 21.298 euros. Esta diferencia salarial sigue teniendo un impacto significativo en los ingresos de la población femenina, así como en sus futuras pensiones, su estabilidad económica y la calidad de vida de su familia.   

Una desigualdad que persiste

La desigualdad salarial entre mujeres y hombres sigue siendo una de las formas de discriminación más persistentes y menos resueltas en las sociedades occidentales. A pesar de los avances legislativos y del reconocimiento formal del principio de igualdad de trato y oportunidades, la realidad demuestra que el mercado laboral sigue operando con sesgos estructurales machistas que desfavorecen a las mujeres La brecha salarial no sólo es una injusticia económica, sino una manifestación palpable del desequilibrio de poder en el ámbito de las relaciones laborales, así como de la debilidad de las políticas públicas de promoción del empleo y las medidas para combatir la discriminación por razón de sexo, limitando la autonomía de las mujeres y erosionando el principio de igualdad de trato y oportunidades sobre los que se fundan las democracias como España y los miembros de la Unión Europea.

Esta desigualdad no es producto de una menor preparación o dedicación de las mujeres, sino de factores androcentristas estructurales muy arraigados:

  • Segregación ocupacional
  • Penalización de la maternidad
  • Sesgos machistas en los procesos de selección y promoción

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