by Sandra Moreno. Jurista feminista

Una tragedia que revela un fallo estructural
Iryna Zarutska, una joven refugiada ucraniana de 23 años, fue brutalmente asesinada en un tren en Charlotte, Carolina del Norte, el El 22 de agosto de 2025.
El ataque fue perpetrado por Decarlos Brown Jr., un hombre con 14 detenciones previas por delitos violentos, robo y alteración del orden público. Pese a su historial y diagnóstico de esquizofrenia, se encontraba en libertad.
Este crimen no es un hecho aislado. Es el resultado de una cadena de negligencias institucionales que permitieron que un individuo con antecedentes graves y trastornos mentales estuviera libre, sin supervisión, en un espacio público.
¿Dónde estaba el Estado?
Las autoridades conocían el historial de Brown. Sabían que era potencialmente peligroso, con múltiples arrestos y una evaluación forense pendiente sobre su capacidad mental. Sin embargo, no fue internado ni se le impusieron medidas de seguridad.
Este caso evidencia un fallo del sistema judicial y de salud mental, que no actuó con la firmeza necesaria para proteger a la sociedad. El Estado tiene el deber de prevenir los delitos, no sólo de reaccionar, sancionando cuando ya el daño está consumado. En el caso de Iryna el Estado de Carolina del Norte falló estrepitosamente.
Mujeres en riesgo: la violencia aleatoria se intensifica
Iryna no fue víctima de un robo ni de una discusión. Fue atacada por la espalda mientras usaba su móvil, sin interacción previa. El asesino, que estaba sentado en el asiento de atrás, la observó durante minutos, sacó una navaja, la sujetó por la cabeza y la apuñaló tres veces en el cuello, dejándola herida de muerte y alejándose de la escena del crimen.
La violencia aleatoria está creciendo en entornos urbanos. Y las mujeres, por su vulnerabilidad estructural, son las principales víctimas. La inseguridad ciudadana ya no es sólo una estadística: es una amenaza directa a la vida cotidiana, porque, de hecho, los delitos violentos contra mujeres y niñas son los que más crecen.
La deshumanización urbana: el silencio que duele
Tras el ataque, los pasajeros del tren no reaccionaron de inmediato. Permanecieron inmóviles, incluso quienes estaban cerca. Sólo una persona se acercó a ayudarla cuando yacía en el suelo, desangrada y el asesino ya había huído.
Este comportamiento revela una apatía social alarmante. El miedo, la desconexión emocional y la indiferencia están rompiendo el tejido humano de nuestras ciudades, convertidas en junglas de asfalto, donde la solidaridad y la empatía destacan por su ausencia.
¿Qué sociedad estamos construyendo?
El asesinato de Iryna Zarutska nos obliga a reflexionar:
⛔ ¿Qué clase de sociedad estamos construyendo si el dolor ajeno ya no nos conmueve?
Iryna escapó de la muerte de su país en guerra buscando seguridad, pero fue asesinada en un espacio público en el país que la acogió. Su caso no es aislado: los delitos violentos contra mujeres y niñas siguen en aumento en varias ciudades de EE.UU., incluso cuando los homicidios generales han bajado. Y es una tendencia que también se está dando en Europa.
Como ciudadanos, debemos exigir:
- Responsabilidad institucional ante los fallos del sistema.
- Reformas legales que actúen con firmeza frente a los violentos. Quien no es capaz de respetar las reglas de convivencia, emplea la violencia y causa daños, debe ser sancionado y apartado de la sociedad.
- Medidas para humanizar los espacios urbanos, proteger a las personas más vulnerables y promover entornos más solidarios, empáticos y respetuosos con las demás personas.
La cooperación humana: clave evolutiva y pilar de la cohesión social
La cooperación como ventaja evolutiva
Desde los albores de la humanidad, la cooperación ha sido el rasgo distintivo que permitió nuestra supervivencia frente a especies físicamente más fuertes. Compartir recursos, cuidar de los más débiles, transmitir conocimientos, trabajar en equipo, solidarizarnos con los más necesitados fueron estrategias que nos permitieron adaptarnos, prosperar y evolucionar.
Hoy sabemos que nuestra evolución como especie la debemos más que a la «ley del más fuerte», a la «ley de la cooperación» que desarrolló nuestro carácter de seres sociales. La caza en grupo, la construcción de refugios, la crianza compartida y la organización social son ejemplos de cómo la colaboración fue más eficaz que la competencia individual. La evolución cultural (lenguaje, arte, tecnología) también se aceleró gracias a la interacción, la cooperación y el aprendizaje colectivo.
La cooperación no sólo nos hizo sobrevivir, sino que nos permitió construir sociedades complejas, basadas en el tejido social. La confianza mutua, las normas compartidas y la empatía son elementos que emergen de la colaboración y que sostienen la convivencia pacífica y el avance social que redunda en beneficio de toda la colectividad.
La seguridad ciudadana no es sólo una cuestión de leyes y de autorresponsabilidad, es también empatía, respeto y humanidad.
Irina Zarutska, QEPD


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