El Doctorado: cima del saber y símbolo de excelencia intelectual

El doctorado es la máxima distinción académica a la que puede aspirar una persona en el ámbito universitario. Más que un título, representa el reconocimiento de una trayectoria de estudio, investigación y compromiso con el conocimiento. Obtener un doctorado implica haber realizado una contribución original y significativa a una disciplina, lo que convierte a quien lo logra en una autoridad en su campo.

Históricamente, el doctorado surgió en las universidades medievales europeas como una licencia para enseñar. Con el tiempo, se consolidó como el grado supremo del saber, reservado a quienes demostraban una capacidad excepcional para el pensamiento crítico, la investigación rigurosa y la producción de conocimiento nuevo.

A lo largo de los siglos, muchas de las mentes más brillantes de la humanidad han alcanzado este grado: científicos como Marie Curie, Albert Einstein, filósofas como Hannah Arendt, juristas como Sarmiza Bilcescu, Hans Kelsen, y muchas otras figuras que han transformado el mundo desde la academia.

Las Primeras Mujeres Doctoras: Pioneras del Conocimiento

El camino hacia el doctorado, símbolo de la más alta excelencia académica, no siempre estuvo abierto para todas las personas. Durante siglos, las mujeres fueron sistemáticamente excluidas de la educación superior, privadas del derecho a estudiar, investigar y enseñar en las universidades. Sin embargo, algunas lograron desafiar las normas de su tiempo, romper barreras impuestas por una sociedad profundamente patriarcal y convertirse en auténticas pioneras del conocimiento.

Estas mujeres no sólo alcanzaron el grado de doctoras en un mundo que les negaba el acceso al saber, sino que lo hicieron con una determinación y brillantez que las convirtió en referentes históricos. Su legado no sólo reside en sus logros individuales, sino en haber abierto las puertas de la academia a generaciones futuras de mujeres. Entre esas mujeres intelectuales que obtuvieron los primeros doctorados destacan:

  • Constanza Calenda (fl. 1415), doctora en Medicina por la Universidad de Nápoles, una de las primeras mujeres en obtener un título universitario.
  • Juliana Morell, quien defendió su tesis en 1606-1607, considerada una de las primeras mujeres juristas.
  • Elena Cornaro Piscopia (1678), primera mujer en recibir un doctorado universitario en Filosofía por la Universidad de Padua.
  • Laura Bassi (1732), doctora en Filosofía por la Universidad de Bolonia y primera mujer científica profesional.
  • Cristina Roccati (1750), también doctora en Filosofía por la Universidad de Bolonia.
  • Dorothea Erxleben (1754), primera mujer en obtener un doctorado en Medicina en Alemania, en la Universidad de Halle.
  • Maria Pellegrina Amoretti (1777), doctora en Derecho por la Universidad de Pavía.
  • María Pascuala Caro Sureda (1779), doctora en Filosofía por la Universidad de Valencia.
  • María Isidra de Guzmán y de la Cerda (1785), doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid.
  • Dorothea von Rodde-Schlözer (1787), doctora en Filosofía por la Universidad de Göttingen.
  • Maria Dalle Donne (1799), doctora en Medicina por la Universidad de Bolonia.
  • Sarmiza Bilcescu (1890), primera mujer jurista en doctorarse en Derecho en la Universidad de París, con una tesis sobre la condición jurídica de la madre.
  • Jeanne Chauvin (1890), segunda mujer en doctorarse en Derecho en Francia y la primera en ejercer como abogada en los tribunales franceses (1901).

Estas mujeres no sólo conquistaron un espacio que les fue negado durante siglos, sino que abrieron el camino para generaciones futuras, demostrando que el talento y la vocación intelectual no dependen del sexo, sino de la voluntad, vocación y valía.

Doctorarse es alcanzar una cima del conocimiento, pero también es un acto de compromiso con la verdad, la investigación y el progreso. Es una distinción que honra tanto el esfuerzo individual como la contribución al saber colectivo.

 En la foto superior, estoy con Wilfredo Sanguineti, Catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad de Salamanca, mi director de tesis; Juan María Bilbao Ubillos y Ángela Figueruelo Burrieza, Catedráticos de Derecho Constitucional de las Universidades de Valladolid y Salamanca y la Profesora Belén Cardona Rubert, Titular de Derecho del Trabajo de la Universidad de Valencia, quienes me distinguieron con la calificación de sobresaliente Cum laude en la lectura de mi tesis doctoral en la Universidad de Salamanca, 2016.

Sandra Moreno, JD, Jurista Feminista



Deja un comentario

ENLACES DE INTERÉS