
En el colorido tapiz de la historia, los hilos del dolor y la gloria se entrelazan de formas complejas. La historia compartida entre España y los pueblos de América es una de esas tramas densas, tejida con conquistas, resistencias, encuentros culturales, imposiciones, mestizajes, dolor y, sobre todo, con una lengua común que hoy nos une: el español.
Reconocer el pasado sin quedar atrapados en él
No podemos ni debemos negar los horrores del pasado. La colonización trajo consigo violencia, despojo, esclavitud y la imposición de estructuras que aún hoy generan desigualdades. Las poblaciones originarias de América fueron despojadas de sus tierras, sus culturas fueron marginadas y millones de africanos fueron arrancados de sus hogares y esclavizados en tierras lejanas. Este dolor es real, profundo y merece ser reconocido con respeto, empatía y memoria.
Pero también debemos preguntarnos: ¿cómo honramos ese pasado? ¿Desde la revancha o desde la reconciliación? ¿Desde el resentimiento o desde la construcción de un futuro compartido?
Una lengua, muchas voces
El español no es sólo una lengua; es un puente. Es el vehículo que nos permite entendernos, compartir nuestras vidas, nuestras luchas, nuestras canciones y versos, nuestras alegrías, y nuestras penas: nuestra historia.
El español es la lengua en la que escribieron sus obras el Inca Garcilaso de la Vega y Sor Juana Inés de la Cruz; los manifiestos independentistas de Francisco de Miranda y Simón Bolívar; los discursos revolucionarios de Manuela Beltrán, Juan José Castelli y Policarpa Salavarrieta; las novelas de García Márquez, Juan Rulfo e Isabel Allende; los discursos feministas emancipatorios de Luisa Capetillo y Gertrudis Gómez de Avellaneda; los poemas de Gabriela Mistral y Jorge Luis Borges; las canciones de Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, Joan Baez, Chavela Vargas y Shakira. Es la lengua que nos permite reconocernos mutuamente, aunque vivamos a miles de kilómetros de distancia, separados por el Atlántico.
Más de 500 millones de personas en el mundo comparten este idioma. Desde el altiplano andino hasta las costas gallegas, desde el Caribe hasta el Río de la Plata, desde el Yucatán hasta Cataluña. El español nos conecta en una comunidad cultural que trasciende fronteras políticas.
El Día de la Hispanidad: una oportunidad para la hermandad
El 12 de octubre, Día de la Hispanidad, no debe ser una celebración de la conquista ni una exaltación de un pasado imperial. Debe ser, más bien, una jornada de reflexión y de encuentro. Una oportunidad para reafirmar la hermandad entre España y las Américas hispanas, no desde la nostalgia colonial, sino desde el reconocimiento mutuo, el respeto a la diversidad y la voluntad de caminar en armonía hacia un futuro compartido. Que este día sea un símbolo de reconciliación, de memoria activa y de compromiso con una comunidad hispanohablante que se construye desde la igualdad, la justicia y la solidaridad.
La hermandad como camino
La hermandad entre los pueblos hispanohablantes no significa olvidar el pasado, sino aprender de él. Significa tender puentes donde se están construyendo muros. Significa reconocer que, a pesar de las heridas, hemos construido una cultura rica, diversa y profundamente mestiza, donde conviven lo indígena, lo africano, lo europeo y lo criollo.
Hoy, más que nunca, necesitamos fortalecer esos lazos. En un mundo fragmentado por el rencor, el racismo, el machismo y la desigualdad, la comunidad hispanohablante tiene la oportunidad de ser un ejemplo de reconciliación, de respeto mutuo y de cooperación.
El legado de la Reina Isabel de Castilla
Hoy quiero recordar a Isabel I de Castilla, conocida como Isabel la Católica (1451-1504), una figura histórica de relevancia incuestionable, considerada por muchos como la mujer más poderosa de todos los tiempos y probablemente la persona más relevante e influyente en la historia de España. Y debemos recordarla porque la reina Isabel no sólo impulsó y respaldó el viaje de Colón a lo que conocemos como América, sino que se preocupó porque los indígenas americanos fueran tratados como súbditos libres de la Corona de Castilla.
Un futuro compartido
La historia no se puede cambiar, pero sí podemos decidir qué hacemos con ella. Podemos usarla como excusa para dividirnos o como cimiento para construir un futuro común mejor a ambos lados del Atlántico. Podemos elegir vernos como pueblos enemistados o como pueblos hermanados que, tras siglos de desencuentros, están listos para caminar bajo un mismo sol.
La hermandad entre nuestros pueblos no es una utopía: es una necesidad. Porque compartimos más que una lengua; compartimos un pasado, un presente, desafíos y esperanzas. Y porque, al final del día, lo que nos une es mucho más fuerte que lo que nos separa.
¡Que vida la hermandad de la Hispanidad!

*El regreso de Cristóbal Colón a Barcelona, donde fue recibido por los Reyes Católicos tras su primer viaje al Nuevo Mundo, ha sido representado en diversas obras, como el cuadro del pintor Ricardo Balaca (1844–1880). Colón se había propuesto establecer un sistema de esclavización de los pueblos indígenas americanos, pero la reina Isabel la Católica se opuso y, en su lugar, decidió reconocer a los indígenas como súbditos de la Corona de Castilla, dando lugar a una serie de leyes destinadas a su protección. Esta política culminaría décadas más tarde con la promulgación de las Leyes Nuevas de 1542, que buscaban limitar los abusos del sistema de encomiendas y defender los derechos de los pueblos originarios de las Américas.
Jurista Feminista

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