El derecho a la desconexión digital en el trabajo

En la era de la hiperconectividad, donde los correos electrónicos, mensajes de WhatsApp y notificaciones de Teams no entienden de horarios, el derecho a la desconexión digital se ha convertido en una necesidad urgente. Este nuevo derecho jurídico-laboral, también conocido como right to disconnect, reconoce el derecho de las personas trabajadoras a no responder comunicaciones laborales fuera de su jornada, protegiendo su tiempo de descanso, su vida privada y, sobre todo, su salud mental.

Un derecho que nace de la urgencia

La proliferación del teletrabajo y el uso intensivo de dispositivos móviles han difuminado las fronteras entre lo laboral y lo personal. La disponibilidad constante, lejos de ser una virtud, se ha revelado como un factor de riesgo. Estudios de organismos como la OCDE advierten que esta hiperconexión incrementa el estrés, favorece el burnout y, paradójicamente, reduce la productividad a largo plazo.

Francia fue pionera en 2017 al legislar este derecho a través de la conocida Loi El Khomri (art. L.2242-17 del Código del Trabajo), que obliga a las empresas con más de 50 empleados a negociar acuerdos sobre el uso de herramientas digitales fuera del horario laboral. Desde entonces, países como Bélgica (2022), España (2018/2021), Portugal (2021), Argentina (2023) o Australia (2024) han seguido su ejemplo, consolidando una tendencia global hacia la protección del tiempo personal.

España: de la norma a la práctica

En el caso español, el derecho a la desconexión digital se incorporó inicialmente en 2018 a través de la Ley Orgánica de Protección de Datos, y se reforzó con la Ley 10/2021 de trabajo a distancia. Más recientemente, la reforma del Estatuto de los Trabajadores publicada en el BOE el 30 de julio de 2025 ha consolidado este derecho como una obligación legal para todas las empresas, sin importar su tamaño o sector.

¿Qué implica en la práctica? En primer lugar, que fuera del horario laboral, ningún trabajador está obligado a responder correos, llamadas o mensajes de trabajo. Esta protección se extiende a fines de semana, vacaciones, permisos y bajas. Además, la empresa no puede sancionar ni penalizar de forma directa o indirecta a quien ejerza este derecho.

Empresas: el deber de garantizar el descanso

La ley no solo reconoce el derecho a desconectar, sino que impone a las empresas una serie de obligaciones concretas:

  • Diseñar una política interna de desconexión, negociada con la representación legal de los trabajadores, que defina claramente los tiempos de descanso, los canales de comunicación permitidos y los mecanismos de control horario.
  • Regular el teletrabajo mediante acuerdos individuales que incluyan cláusulas específicas sobre la desconexión digital, tal como exige la Ley 10/2021.
  • Fomentar la cultura del respeto al descanso, mediante acciones de formación y sensibilización sobre el uso responsable de las tecnologías.
  • Liderar con el ejemplo: directivas no envían mails fuera de horario, que promuevan una cultura de confianza y no de control.
  • Formar a mandos intermedios para no presionar con mensajes fuera de horario. Implementar herramientas técnicas: Retraso en envío de emails (Outlook, Gmail). Modo «no molestar» automático. Desactivar notificaciones en apps corporativas.
  • Evaluar riesgos psicosociales en la prevención de riesgos laborales.

La desconexión con perspectiva de género

Debido a que las mujeres siguen asumiendo mayoritariamente las tareas de cuidados y del hogar, son especialmente vulnerables a los efectos de la hiperconectividad laboral. La expectativa de disponibilidad constante fuera del horario de trabajo no sólo perjudica su tiempo de descanso, sino que perpetúa desigualdades estructurales en la corresponsabilidad y conciliación de la vida personal y profesional. Garantizar este derecho no es sólo una cuestión de salud laboral, sino también de justicia e igualdad.

El reto pendiente: cumplir la norma

Aunque el marco legal es claro, su aplicación práctica aún deja mucho que desear. Muchas empresas, especialmente pymes, no han desarrollado protocolos efectivos, y en algunos sectores persiste una cultura de disponibilidad permanente. La Inspección de Trabajo ha intensificado su vigilancia, pero el verdadero cambio requiere una transformación cultural: entender que respetar el descanso no es un lujo, sino una condición para trabajar mejor. El derecho a la desconexión digital es una conquista jurídica que responde a una realidad social y tecnológica que no podemos ignorar. Desconectar no es incumplir con el trabajo: es trabajar con dignidad, con salud y con respeto a los límites que hacen posible una vida plena para todas las personas.

Espacio del INSST sobre la Desconexión Digital

Jurista Feminista



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