
La ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de París 2024 ha suscitado una reveladora controversia tanto en España, como nivel global, debido a la fuerte carga ideológica queer que la caracterizó. El hecho de que el espectáculo central consistiera en una bacanal hipersexualizada y misógina, que representaba el cuadro ‘La Última Cena’ de Leonardo Da Vinci, con manifiesto desprecio por la dignidad de las mujeres y menores y a las creencias y sentimientos religiosos de la comunidad cristiana, hizo saltar las alarmas.
Lejos de ser una mera transgresión, al haberse permitido que se realizara un show esperpéntico no apto para la franja familiar donde, además, había menores de edad participando de la bacanal drag, se han infringido las normas y principios de la Carta Olímpica y diversos Instrumentos normativos Internacionales vinculantes. Y esto no es sólo una cuestión moral, es un grave incumplimiento de las normas que rigen en los Juegos Olímpicos.
En este artículo, publicado en Iusport lo explico.

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