
Francia se prepara para dar un giro de enorme alcance en la protección digital de la infancia. La Asamblea Nacional ha aprobado con una amplia mayoría el artículo central de una nueva ley que prohíbe el acceso a redes sociales a menores de 15 años y extiende la restricción del uso de teléfonos móviles en colegios y liceos, en una decisión que marca un precedente en Europa y que sigue los pasos de Australia, pionera en fijar el límite de acceso en los 16 años.
La medida llega en un contexto de creciente alarma social y sanitaria por el impacto que plataformas como TikTok, Snapchat o Instagram están teniendo en el desarrollo emocional, la atención, el sueño y la salud mental de adolescentes y preadolescentes. La Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria francesa (ANSES) ha advertido en varios informes que estas redes exponen a los menores a ciberacoso, comparaciones constantes, contenidos violentos y mecanismos algorítmicos que alimentan la adicción.
“Las mentes de nuestros hijos no están en venta”
El presidente Emmanuel Macron ha defendido con firmeza la urgencia de esta legislación. Para él, la regulación no es solo una cuestión sanitaria, sino también ética y social: “El cerebro de nuestros hijos no está en venta. Ni a las plataformas estadounidenses ni a los algoritmos chinos”, afirmó tras la votación.
Macron ha reclamado incluso un procedimiento acelerado para evitar bloqueos entre cámaras y permitir que la norma entre en vigor en septiembre de 2026, coincidiendo con el inicio del próximo curso escolar.
Una regulación que responde a un consenso social amplio
La aprobación ha reunido apoyos transversales entre el bloque gubernamental, partidos de derecha, extrema derecha y buena parte de los ecologistas. La izquierda radical, sin embargo, ha votado en contra, denunciando un supuesto “paternalismo digital” y defendiendo que la educación digital debería primar sobre las prohibiciones. Aun así, el respaldo ciudadano es mayoritario: el 79% de los adultos y el 67% de los jóvenes consideran la ley necesaria, y muchos adolescentes reconocen haber sufrido efectos negativos derivados del uso intensivo de redes.
Australia abrió el camino
El impulso regulatorio francés no surge en el vacío. En diciembre, Australia se convirtió en el primer país del mundo en prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años, citando riesgos psicológicos y patrones de diseño adictivo en las grandes plataformas. Francia se convierte en el segundo país en adoptar medidas restrictivas tan amplias, pero el primero en Europa.
La escuela, un espacio libre de pantallas
La ley también avanza en un frente que lleva años generando debate: el uso del móvil en los centros educativos. Aunque en Francia ya estaba limitado desde primaria, ahora la restricción se aplicará también a los liceos, donde estudian jóvenes de entre 15 y 18 años. En los centros que han probado este sistema, docentes y alumnado coinciden en un efecto inmediato: mejora de la convivencia, descenso de conflictos, mayor capacidad de concentración y reducción de ansiedad y otros trastornos derivados del uso abusivo del móvil.
Un debate global urgente: cómo proteger a los menores en internet
La decisión francesa reabre una conversación imprescindible: ¿están los menores preparados para navegar por redes diseñadas para maximizar la atención y la dependencia emocional?
El acceso inmediato a contenidos violentos, la pornografía, la presión estética, los desafíos peligrosos, el acoso escolar y la exposición prolongada a pantallas se han disparado en la última década, dibujando un panorama que cada vez más expertos consideran insostenible.
Si las redes sociales se han convertido en espacios masivos de interacción, ¿por qué no exigirles estándares mínimos de seguridad? ¿Por qué un menor de 16 años puede crear, en 15 segundos, una cuenta en TikTok o Instagram sin mayor dificultad?
La necesidad de una regulación global
La legislación francesa apunta hacia una dirección clara: instaurar sistemas obligatorios de verificación de edad y exigir responsabilidades legales a las plataformas tecnológicas. Para que las medidas tengan verdadero impacto, deberían extenderse a escala global. Sólo así se podrá obligar a TikTok, Instagram, Snapchat y el resto de gigantes digitales a verificar la edad real de sus usuarios, algo que hoy apenas controlan y que resulta indispensable para proteger a menores de los 16 años en adelante.
Un marco internacional permitiría además armonizar criterios, combatir la exposición temprana a la pornografía, limitar la explotación algorítmica de menores y reducir los niveles de ansiedad, comparación social, el acoso, la violencia digital y adicción que tantos estudios relacionan ya con un deterioro severo del bienestar emocional infantil y juvenil.
Un debate que apenas comienza
Francia ha lanzado un mensaje contundente: no se puede dejar a los niños y niñas solos ante un ecosistema digital que ni siquiera los adultos pueden gestionar plenamente. Aunque la ley no está exenta de polémica, su aprobación marca un punto de inflexión.
La pregunta ya no es si debemos regular: la pregunta es cuándo y cómo lo haremos, porque para que esta medida de protección funcione de forma óptima es preciso que se prohíba el acceso a redes a menores de 16 años de forma global.

Imágenes generadas por IA

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