En el Día de las Madres: protección jurídica

Sandra Moreno

El Día de la Madre es una ocasión para el afecto y el reconocimiento familiar, y también para que la sociedad tome conciencia de una deuda pendiente: la del Estado con las madres. Pese a los avances innegables logrados a lo largo de las últimas cinco décadas, fruto de la lucha feminista y obrera, la protección jurídica de las madres sigue siendo insuficiente en aspectos fundamentales.

Protección Jurídica a las madres

Las mujeres que son madres necesitan de medidas laborales más eficaces que garanticen su permanencia en el empleo y su progresión profesional, mecanismos reales de conciliación y corresponsabilidad que no recaigan de forma sistemática y desproporcionada sobre ellas, un blindaje efectivo frente a la discriminación por maternidad, y un apoyo institucional digno para quienes cuidan de hijos e hijas con enfermedades, discapacidades o necesidades especiales o se ocupan de otras personas dependientes, o para quienes afrontan esa responsabilidad sin red familiar ni recursos económicos.

Igualmente, necesitan que el Estado las ampare frente a la violencia en todas sus formas: la violencia de género, que destruye a las mujeres y sus familias; la violencia vicaria, que utiliza a los hijos e hijas como instrumento de daño; la violencia obstétrica, que vulnera su dignidad en los momentos más íntimos y decisivos; y la violencia institucional, que las revictimiza cuando acuden a buscar protección del Estado. Estas realidades no son excepcionales ni marginales: afectan de forma desproporcionada a las madres y a sus hijos e hijas, y la erradicación de estas formas de violencia es una obligación jurídica del Estado.

El origen que nadie recuerda: el Día de la Madre nació como una reivindicación política y feminista

Cada primer domingo de mayo, millones de familias en España compran flores, reservan mesa en un restaurante y buscan el regalo adecuado para celebrar el Día de la Madre. Es una celebración entrañable, cargada de afecto. Y sin embargo, pocos saben que este día no nació como un gesto sentimental ni como una ocurrencia comercial, sino como un acto político protagonizado por mujeres que exigían paz, derechos y reconocimiento social.

De las cenizas de la guerra civil estadounidense

El origen del Día de la Madre moderno hay que buscarlo en un EEUU devastado por la guerra civil. En ese contexto, una activista comunitaria llamada Ann Marie Reeves (Jarvis, por su apellido de casada) organizó reuniones de mujeres con un propósito muy concreto: tender puentes entre madres de ambos bandos que habían perdido a sus hijos en el conflicto. No era un acto de duelo privado, sino de reconciliación y construcción de paz. Aquellas reuniones se llamaron, con toda la intención, «los días de las madres».

En ese mismo espacio de activismo y sororidad, Ann Marie Jarvis coincidió con Julia Ward Howe, poeta, feminista y futura primera mujer elegida integrante de la Academia de las Artes y las Letras de Estados Unidos. Howe recogió el testigo y fue más allá: en su célebre Proclama del Día de las Madres de 1870, formuló una llamada internacionalista a las mujeres de todos los países para aliarse contra las guerras, reclamar el desarme militar y resistir, desde la maternidad como posición política, la lógica de la violencia entre naciones. El texto es rotundo: «Nosotras, mujeres de un país, tendremos demasiada compasión hacia aquellas de otro, como para permitir que nuestros hijos sean entrenados para herir a los suyos.»

La institucionalización y el giro comercial

Anna Jarvis, hija de Ann Marie, recogió ese legado tras la muerte de su madre en 1905 e impulsó una campaña incansable para que el Estado reconociera un día nacional en honor a las madres. Lo logró en 1914, cuando el presidente Woodrow Wilson firmó la resolución que consagraba el Día de la Madre como festivo oficial en Estados Unidos. Anna Jarvis insistió desde el principio en que se llamara en singular, el Día de la Madre, para que cada familia honrara a la suya propia y la celebración no perdiera su carácter personal e íntimo.

No tardó mucho en perderlo por otras razones. La instrucción de portar un clavel blanco para rendir tributo a las madres de soldados caídos bastó para que la industria floral viera una oportunidad. Pronto llegaron las tarjetas, los regalos, las cenas. El mismo movimiento que había nacido del pacifismo y el feminismo se convertía en el cuarto evento comercial más lucrativo de Estados Unidos, después de Navidad, Halloween y San Valentín. La propia Anna Jarvis, hija, acabó siendo detenida en 1925 mientras protestaba públicamente contra la mercantilización de la conmemoración que su madre y ella habían promovido.

España: entre la Virgen María y las flores de temporada

En España, el Día de la Madre tiene su propio recorrido. En 1925, Julio Menéndez García, un funcionario de Correos, propuso una celebración que fue bien acogida en varios medios y ciudades. La primera conmemoración informal tuvo lugar en Madrid en octubre de 1926, con el propósito explícito de enseñar a niños y niñas a respetar no solo a sus propias madres, sino a las mujeres en general. El vínculo con la floristería apareció desde el principio, patrocinado por la Sociedad Nacional de Horticultura.

Durante la dictadura franquista, la celebración fue reconducida hacia el imaginario religioso y trasladada al 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada Concepción. No fue hasta 1965 cuando se fijó el primer domingo de mayo como fecha oficial, en un mes que, no por casualidad, también se asocia litúrgicamente a la Virgen María. El carácter político y reivindicativo que había alumbrado la celebración quedaba definitivamente sepultado bajo la devoción mariana y, poco después, bajo la presión comercial del papel de regalo y las flores de un día.

Las madres necesitan respeto, no flores

En una encuesta de YouGov realizada en 18 países, el 55% de los españoles consultados consideró que el Día de la Madre es fundamentalmente producto de la presión social y comercial. Es una percepción que dice mucho sobre el estado de la celebración, pero también sobre la distancia que separa el gesto del problema de fondo.

Porque las madres en España, como en el resto del mundo, no necesitan flores ni tarjetas. Necesitan protección jurídica real, apoyo institucional, recursos cuando no tienen red familiar ni económica y respeto social.

El Día de la Madre nació de mujeres que entendieron la maternidad no como un estado sentimental sino como una posición política desde la que exigir un mundo más justo. Honrar ese origen no significa renunciar al afecto familiar que rodea esta celebración, sino recordar que ese afecto, sin derechos y estatus social, es insuficiente.

Roma admiraba a las madres: Cornelia Africana (c. 189-110 a. C.)

Cornelia fue la primera mujer romana en ser honrada con una estatua de bronce en el Foro y lo fue no sólo por el estatus que le daba ser hija del general Escipión el Africano, sino porque por méritos propios fue una de las mujeres más influyentes y respetadas de la antigua Roma, al encarnar el ideal supremo de la matrona romana: madre de romanos, mujer culta, inteligente y audaz, dedicada a cultivar las virtudes republicanas.

Es conocida por la célebre frase sobre sus hijos, «Haec ornamenta mea sunt», «estas son mis joyas», señalando a Tiberio y Cayo, los hermanos Graco, en respuesta al alarde de una invitada muy rica que presumía de sus joyas.

Aunque la estatua original se perdió, se conserva el pedestal con la inscripción que la identificaba como «madre de los Graco» y su célebre frase, en recuerdo de la admiración que Roma le profesaba. Una versión moderna de Jules Cavelier (1861), exhibida en el Museo de Orsay (Francia) representa a Cornelia velando por sus dos hijos con una composición piramidal que resalta su papel como educadora y protectora y representante de las madres romanas.

Jules Cavelier,Cornélie, mère des Gracques

Las fotos han sido obtenidas de Wikipedia y el Museo de Orsay, los derechos pertenecen a quien corresponda.

Se lo dedico a mi madre, mi abuela, mi tía y mi hermana, las madres de mi familia.

Jurista Feminista



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