La escritora, poeta y activista estadounidense, arquitecta del feminismo de la segunda ola y referente mundial de los derechos de las mujeres, falleció el pasado 5 de septiembre en Nueva York a los 85 años, apenas días después de la muerte de su compañera de lucha Gloria Steinem.

El movimiento feminista internacional despide a una de sus figuras más determinantes. Robin Morgan, poeta, periodista, editora y activista. Murió mientras dormía en su casa de Nueva York, tras varias semanas afrontando complicaciones de salud, según confirmó su hijo, el músico Blake Morgan. Su fallecimiento se produce solo unos días después del de Gloria Steinem, su amiga y aliada durante más de medio siglo de activismo compartido.

Hasta el final, Morgan continuó escribiendo. Trabajaba en nuevos libros y poemas cuando la salud se lo permitía, y mantuvo intacta —incluso tras un diagnóstico de Parkinson hace 17 años que la obligó a reducir sus desplazamientos— la misma pasión combativa que la llevó, en los años sesenta, a convertirse en una de las conciencias más lúcidas del feminismo contemporáneo.
De niña actriz a arquitecta del feminismo radical
Antes de ser activista, Morgan fue una conocida niña actriz durante las décadas de 1940 y 1950. Ese origen inesperado, el de una estrella infantil convertida en radical antisistema, define bien la trayectoria de una mujer que nunca dejó de reinventarse. Desde comienzos de los años sesenta se integró en el movimiento feminista radical estadounidense, del que llegaría a ser una de sus líderes indiscutibles, y desde ahí proyectó su influencia hacia el feminismo internacional.
Fue cofundadora de organizaciones fundacionales del movimiento, como New York Radical Women y W.I.T.C.H., y a lo largo de su vida impulsó también la Feminist Women’s Health Network, la National Battered Women’s Refuge Network, la National Network of Rape Crisis Centers o el National Museum of Women in the Arts, entre otras muchas iniciativas. Su capacidad para transformar la indignación en organización fue, quizá, uno de sus mayores legados.

«Lo personal es político»: el pensamiento que cambió de escala
Morgan fue una de las principales responsables de universalizar uno de los lemas más influyentes del feminismo moderno: «lo personal es político». A través de su obra defendió que cuestiones consideradas privadas (el trabajo doméstico, la sexualidad, la crianza, la violencia machista dentro del hogar) no eran fracasos individuales, sino expresiones de una opresión estructural y sistémica.
Contribuyó también a definir el feminismo radical como corriente teórica, sosteniendo que el patriarcado constituye la forma de dominación más antigua y arraigada de la sociedad, y que por tanto exige ser combatido desde la raíz, no simplemente reformado. Y fue pionera al entender que esa opresión no conoce fronteras: defendió una solidaridad feminista transnacional capaz de atravesar culturas, religiones y sistemas políticos, sentando las bases de lo que hoy entendemos como feminismo global.
Cubo de la Basura de la Libertad. Protesta contra Miss América

En 1968, Morgan fue una de las principales organizadoras de la histórica protesta contra el certamen de belleza Miss América en Atlantic City, la acción que catapultó al movimiento de liberación de la mujer a la primera plana informativa. Aquel día, las activistas arrojaron a un simbólico «Cubo de la Basura de la Libertad» objetos que consideraban instrumentos de sometimiento femenino: corsés, tacones, fajas, pestañas postizas, sujetadores, lápices labiales, revistas Playboy, un gesto que la prensa terminaría mitificando, de forma imprecisa, como la «quema de sujetadores».
Morga, además, fue quien acuñó el término herstory, la reformulación feminista de la palabra «historia», y a quien se atribuye la popularización de símbolos icónicos del movimiento de liberación de las mujeres, como el puño cerrado combinado con el símbolo femenino.
Sisterhood Is Powerful: la antología que fundó una biblioteca feminista
Su capacidad como editora fue tan relevante como su pluma. Sisterhood Is Powerful (1970), la antología que compiló reuniendo ensayos de activistas sobre temas entonces tabú —el aborto, el orgasmo femenino, el trabajo doméstico, el racismo dentro del propio movimiento—, está considerada uno de los textos fundacionales del feminismo moderno y fue reconocida por la Biblioteca Pública de Nueva York como una de las obras más importantes del siglo XX.
A ese título le siguieron Sisterhood Is Global (1984), en la que reunió testimonios de mujeres de más de setenta países para demostrar que, más allá de las diferencias culturales, existe un hilo común en la opresión patriarcal y en la resistencia femenina a escala mundial; y Sisterhood Is Forever (2002), con aportaciones de figuras como la propia Gloria Steinem, Simone de Beauvoir o Eve Ensler.
Su bibliografía supera los veinte títulos, entre ensayo y poesía, incluyendo Going Too Far, The Word of a Woman: Feminist Dispatches o los poemarios Monster y Dark Matter. Su hijo la recordó como alguien capaz de «tomar ideas muy grandes y destilarlas, como poeta, en muy pocas palabras», una cualidad que atravesó tanto su poesía como su teoría política.

Pionera en nombrar la cultura de la violación
Mucho antes de que el término «cultura de la violación» se popularizara a mediados de los setenta, Morgan ya había sentado sus bases teóricas. Frente a una época en la que la violencia sexual se explicaba como un impulso incontrolable o un hecho aislado, ella sostuvo que la violación es, ante todo, un acto político: una herramienta de dominación y terror diseñada para mantener a las mujeres en un estado permanente de subordinación y miedo.
En su ensayo de 1974 Theory and Practice: Pornography and Rape, recogido después en Going Too Far, formuló una de las frases más citadas , y más controvertidas, del feminismo de la segunda ola: la pornografía es la teoría, la violación es la práctica. Con ella señalaba que la pornografía, entendida como propaganda misógina, deshumaniza y normaliza la violencia contra el cuerpo de las mujeres, educando culturalmente a la sociedad para tolerarla.
También fue una de las primeras en denunciar la complicidad institucional: en Sisterhood Is Powerful visibilizó cómo el sistema judicial, policial y médico revictimizaba a las supervivientes de agresiones sexuales, cuestionando su ropa, su comportamiento o su vida sexual en lugar de centrar la responsabilidad en el agresor. Años más tarde, en The Demon Lover: The Sexuality of Terrorism (1989), amplió ese análisis para vincular la violencia sexual cotidiana con el militarismo y el terrorismo de Estado, sosteniendo que el patriarcado equipara masculinidad con dominación, generando un mismo sustrato cultural del que se alimentan tanto la violación como la guerra.

Ms. Magazine y el Women’s Media Center
En 1990 asumió la dirección de Ms. Magazine, la publicación feminista de referencia en Estados Unidos. Bajo su liderazgo, la revista eliminó por completo la publicidad para blindar su independencia editorial frente a las presiones corporativas, lo que le permitió publicar investigaciones sin concesiones sobre trata de mujeres, violaciones de derechos humanos en zonas de conflicto y mutilación genital femenina. Décadas después, junto a Gloria Steinem y Jane Fonda, fundó en 2005 el Women’s Media Center, con el objetivo de garantizar una presencia real y poderosa de las mujeres en los medios de comunicación. En 1984 había fundado además, junto a Simone de Beauvoir, el Sisterhood Is Global Institute, el primer laboratorio de ideas feminista de alcance internacional, concebido para vigilar y defender los derechos de las mujeres en todo el mundo.

Un legado que sigue vigente
Robin Morgan deja una obra que combina el rigor teórico con la fuerza poética, y un activismo que nunca separó la palabra de la acción: un historial que incluye arrestos, un expediente del FBI y décadas de organización ininterrumpida al servicio de las mujeres. Su pensamiento —desde «lo personal es político» hasta su temprana denuncia de la cultura de la violación— sigue siendo hoy una referencia obligada para entender el feminismo contemporáneo y sus batallas pendientes.
Con su muerte, y la de Gloria Steinem apenas días antes, se cierra una etapa fundacional del feminismo estadounidense. Pero el hilo que Morgan ayudó a tejer entre mujeres de diversos países del mundo, esa idea de que la opresión y la resistencia patriarcal no conocen fronteras, sigue siendo, más de medio siglo después, una de las herramientas más vivas del movimiento por los derechos de las mujeres. ¡Buen viaje, Robin!

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By Jurista Feminista

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